PERE NAVARRO Y LA ILUMINACIÓN DIVINA

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Por si no hubiéramos sufrido suficientemente a Pere Navarro como director de la DGT en su primera etapa, ahora está desarrollando una segunda en la que retoma su elogiada fama de justiciero de la carretera, iluminado por Dios, nuestro Señor.

No es momento de hacer apología de la insensatez, retomando un largo pliego de medidas supuestamente extraordinarias del señor en cuestión. Sin embargo, la que más risas ha provocado últimamente, aparte de gastar más dinero, mucho más, en la compra y mantenimiento de nuevos radares, es la que afecta a los nuevos límites de velocidad en vías convencionales. Vamos, las de doble sentido de toda la vida.

Es en estas carreteras donde, mire usted por dónde, se producen más accidentes. Esta afirmación provoca una vez más la risa floja en todo usuario habitual de la carretera. ¿No será porque hay menos espacio de separación de ambos sentidos? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que no haya practicada una mediana en la calzada, o incorporaciones a la carretera principal sin carriles de aceleración, y esas mismas incorporaciones empleadas por vehículos que trabajan en el campo y llevan tierra, arena, arcilla y demás suciedad a la vía original? Ya no hablamos del estado de la misma, que se supone correcto teniendo en cuenta, en ciertos casos, que el ancho del arcén es igual o superior al metro y medio de anchura, con lo que circular a 100 km/h por aquí no debería entrañar el más mínimo problema.

Pues sí, al parecer lo es. Y para solucionarlo ya tenemos al todopoderoso Navarro, aduciendo motivos de “velocidad excesiva”, con el peligro que esto acarrea… sí, claro, en vehículos con ABS, control de tracción, discos de freno, etc. Vamos, que de nuevo es capaz de provocar esa risa floja tan molesta. No podemos dejar de pensar en lo mismo: o este señor es un verdadero iluminado al que le dejan ejercer, o se relaciona con un séquito de asesores que no sabrán ni rellenar el depósito de combustible en una gasolinera con sistema prepago.

Ya se ha convertido en un recurso facilón, directo y muy manido para llegar de la manera más rápida a todo tipo de público, muy sensible con estos temas. Los informativos de televisión van cargados de imágenes con coches destrozados en accidentes provocados por la velocidad. Sí, la velocidad es el principal riesgo. La velocidad mata. Nadie dice lo contrario pero, ¿no sería más justo pensar que la gestión de la misma, el estado de las infraestructuras o la propia educación del usuario, son tanto o más importantes que la velocidad en sí? Uff… tal vez son demasiados elementos para tener una visión global de un problema. Como dirían ahora, “demasiados imputs” para individuos cortos de entendederas soportados, para más recochineo, por sueldos pagados por todos nosotros.

Pero nada, que cualquier cosa tiene arreglo desde sus incapacitadas mentes. Y si hay que cortar, se corta, o si hay que eliminar, se elimina. Y si hay que sancionar, se recauda. Aquí seguimos, en la España más profunda, por mucho tiempo a parecer.