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YA ESTÁN AQUÍ

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Son ellos y sí, ya han regresado de donde quiera que hayan estado repartiendo su medicina. Justo en el momento en el que nos hacíamos a la idea de un mundo casi mejor, en absoluto perfecto pero sí camino de una estabilidad emocional impagable, recibimos el golpe de realidad con la vuelta de la chusma asfáltica; conductores, por llamarlos de algún modo, que nos dejaron respirar durante los días más gloriosos de la gente menuda, esa que disfruta con kilómetros de placer a los mandos de su motos sin sufrir el estrés de encontrarte al chusmero de turno.

Están ahí, preparados para amargarnos el camino al trabajo o de vuelta a casa, incluso en busca de unos instantes de desconexión lejos del entorno habitual del que escapamos para sentirnos libres pero… nada, ya es imposible. Por desgracia, el que se nos pega al colín, el que invade nuestro carril circulando por el contrario porque está escribiendo un mensaje en el móvil, el que no indica los cambios de dirección, “total, pa qué”, el que baja las ventanillas para que, queramos o no, tengamos que escuchar esa bazofia a la que llaman música y, desgraciadamente para nuestro colectivo, no ha faltado a la cita de elevar la estupidez a grados infinitos el inadaptado social sobre dos ruedas al que muchos nos negamos llamarle motero. ¿Que cómo lo identificas? Muy fácil: se niega a hacer gasto en equipamiento. Tal vez lo haga en un escape hueco, como lo que lleva dentro del casco si lo tuviere, pero en su seguridad, nada, cero. Y lo que es peor, la de los demás le importa lo mismo que a Trump la crisis climática. Pero ojo porque hay quien le aplaude, lo que demuestra que la pandemia está lejos de extinguirse. Muy al contrario, tiende a reproducirse peligrosamente.

Todos estos “casos y cosas” se escurrieron en una larga catarata que peregrinó a las afueras de nuestras vidas allá por el comienzo del verano. Qué felices nos haría a muchos utilizar un interruptor imaginario para colocarlo en modo “off” más allá del mes de agosto. Al menos, durante unos días los problemas fueron algo más llevaderos y, qué demonios, mucho menores que el resto del año. Sol, calor, sed continua mientras trabajamos… Hay quien sufre durante esta época del año, pero el colectivo de supervivientes lo cambiamos por la tranquilidad que aporta la lejanía de la chusma, temporal pero gloriosa, sublime. Algunos quedaron “de retén” para que no se nos olvide su existencia, aunque no es más que una prueba de lo evidente: el número importa, y mucho.

Pero como no todo son alegrías durante la tranquilidad, los hay que dicen trabajar por y para nada, cobrando del erario público para mayor recochineo. No solo han sido incapaces de formar un gobierno para nuestra prosperidad y bienestar, sino que más bien han logrado, aparte del mencionado salario, marcharse de vacaciones pagadas sin terminar su labor, aquella por la que, habría que recordar, nos quitan una parte de nuestro sueldo para que la lleven a cabo. Mientras tanto, ni las Comunidades Autónomas reciben las ayudas vitales para nuestras necesidades, ni se lucha en contra de la situación económica que llegará en breve, ni… La política es tan grande que todo cabe, desde las corruptelas pasadas y presentes, pasando por el hombre de bien engullido por el ansia de poder de los demás, o quién sabe, hasta en un colectivo como el que se nos echa encima una vez dejado atrás el verano. El asfalto es como la política, lo engulle todo.

La moto seguirá siendo nuestro refugio, esa guarida inexpugnable en la que placer, diversión, practicidad y descanso conforman un todo culminado por un deporte que nos apasiona y nos sigue brindando alegrías como el segundo Campeonato del Mundo de motocross conseguido por el jovencísimo Jorge Prado, o el enésimo título de Toni Bou en trial, o los que vendrán de otro crack, Marc Márquez. Podemos respirar tranquilos, menos mal.