MOTEROS

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El año que termina consigue dar carpetazo a diferentes cuestiones que nos atañen como motoristas. Tal vez el más significativo haya sido el referido a la prohibición de las motos para circular en la almendra central de Madrid. A una gran cantidad de usuarios les tocará muy de lejos, tanto que directamente obviarán el asunto. Pero ojo, porque en Barcelona se está hablando de lo mismo, aunque la verdadera implantación se haya producido, de facto, solo en Madrid… de momento.

Todo esto viene provocado por los extraordinarios cambios que se están produciendo no solo en la atmósfera que respiramos, sino también en el irrespirable aire político. ¿Realmente nos representan? ¿Son estos, y no otros, los que hemos votado? Si la respuesta a la segunda cuestión es afirmativa, en ese caso tenemos lo que nos merecemos, porque ciertamente la respuesta a la primera parece todavía más clara y evidente, a lo que hay que sumar la increíble ignorancia que hacen muestra no solo en nuestro sector, del que algo conocemos todos, sino también en otros terrenos donde ellos solos, tienen la especial capacidad para desacreditarse.

Cambios y más cambios. Parece obligado darle un giro a todo lo que se menea para alardear de medidas tomadas y objetivos cumplidos. Qué tristeza. Este año que se acaba no ha sido muy diferente a otros que venimos viviendo últimamente, lo que atestigua por ejemplo el elenco de novedades de motos para 2019, ya descubierto a estas alturas de 2018. ¿Cuáles son las creaciones que más han impactado en nuestras retinas? Sí, es lógico que sean las que cuestan más de 20.000 euros, pero… ¿y por debajo, qué hay? La moto pasional poco a poco va perdiendo terreno frente al modelo electrodoméstico: arranca, funciona, te lleva y te trae por todas partes, menos por el centro de la capital, eso ya no. ¿Qué fueron de aquellas motos divertidas, de tamaño y precio medios? Nos hemos quedado en las Tracer 700, MT-07, V-Strom 650, Z900 y demás modelos que, agitando la mano de izquierda a derecha, dicen adiós a la barrera de los 6.000 euros, el millón de pesetas de antaño.

Deportivamente el giro sí es real, con un campeón en Moto3 madrileño y otro en la máxima categoría catalán. En la intermedia, resulta que ni una sola victoria en todo el año ha sido alcanzada por un piloto español. Lo peor es que no nos faltan “primeros espadas” para conseguirlas, pero mira tú por dónde, la categoría en la que los medios no son tan determinantes, con mecánicas y partes ciclo muy próximas entre los equipos en liza, aquí no hemos sido capaces de cazar una sola liebre. Razones hay, pero ahí queda la losa, que no es pequeña, ni mucho menos liviana.

Debería servirnos todo ello para mirar hacia 2019 con mayores garantías de éxito en cada uno de los aspectos que admitan cierta mejora. Conformarte con lo que tienes no siempre es la mejor opción, sobre todo cuando lo que hay amarrado es mediocre o directamente para tirar a la basura. ¡Venga, que el cubo está ahí, más cerca que un “triple” de baloncesto! Tiremos lo que no nos convierta en personas responsables y animémonos a crecer en todo aquello en lo que demostramos ser pequeños. Inculquemos más educación vial desde temprana edad para no sufrir el acoso de multitud de cortos mentales a los mandos de vehículos automóviles. Pongamos de nuestra parte en lo que nos toca, o incluso vayamos un poco más lejos y movamos los hilos para interceder en la mejora de lo que nos rodea, aunque nuestra actitud y posición no sea directamente vinculante. Tal vez, con el tiempo e insistencia, llegue a serlo. Aparecerá de este modo otro motivo de satisfacción y creceremos por dentro para que, por fuera, también quede constancia de un logro así. Acabemos con la mediocridad o los oportunismos y trabajemos por un mundo mejor, no para los espabilados de siempre, sino para todos los ciudadanos de bien, para todos los motoristas de corazón.

Y para defensores y detractores de la movilidad urbana sobre dos ruedas, deseamos desde aquí un buen año 2019. Vamos a aprovechar que estos días de fiestas navideñas todo son buenos deseos, paz y armonía. Lástima que termine tan pronto y nos dé la amnesia de cada año en enero.